Una respuesta como esta es la que quizá uno menos piensa, por lo pronto. Isabel, no es una amiguita de su edad, ni una niña de la congre, ni tan siquiera una de esas "divertidas y locas" adolescentes con las que juega... Isabel es una linda mujer, mamá de adolescentes y siendo honestos, no es el nombre que a uno se le pasa por la mente cuando, con curiosidad, le hace estas preguntas a una niña de 7 años... Así que llegamos a la conclusión de que algo más profundo estaba sucediendo.
<<Durante toda la semana, ella estuvo acordándose de que el domingo quería llevarle una planta a Isabel. Y aunque en nuestras conversaciones, dijimos en varias ocasiones sin darnos cuenta "una flor para Isabel", ella nos corregía y nos decía: "no, una flor no, ¡una planta!".
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| "Bugambilia morada" |
A las 7:45 de la mañana del domingo, fuimos hasta el vivero. Al ser tan temprano, desde lejos vimos que estaba cerrado. Pero al llegar, el hombre que estaba el cuidado del lugar se encontraba regando y nos hizo el favor de vendernos "la planta".
"Itzae, ¿qué planta es la que quieres? - le preguntamos y a lo que ella respondió - "Una planta de color morado y que no sea muy grande para que la cuide, que crezca y salgan muchas flores". Todo estaba lleno del plantas pero de repente señaló: "¡Esa!". Allí estaba "su planta": Una hermosa Bugambilia morada.
¡Estaba feliz!! Su cara era de alegría y satisfacción.
Llegamos el domingo a SdV e Itzae llamó a Isabel y le entregó su Bugambilia morada diciéndole: "Isabel, el otro día sentí en mi corazón, cuando estaba hablando con Dios, que él me decía que tenía que comprarte una planta morada">>.
Toda esta "la historia de Itzae" cobró totalmente sentido cuando escuchamos la otra parte, "la historia de Isabel". <<Isabel, cuando vio la planta, nos contó: "Durante toda esa misma la semana, he estado diciéndole a Dios que me gustaría mucho tener, exactamente, una Bugambilia morada para mi casa.>>
En ese momento, ¡qué orgullosos nos sentimos como papás, del valor, la decisión y la obediencia de nuestra pequeña!
Y, ¿quién no...?





