Hace unos días que estoy intentando escribir esta nota y realmente no ha sido fácil porque yo misma he tenido que asimilar y cambiar. NO PRETENDO que se esté de acuerdo, ni tampoco que se PIENSE IGUAL que yo. Solo quiero expresar en una pequeña nota, algo que ojalá pueda hacerte bien y, como a mí, puedas ver cómo es el amor del Padre hacia sus hijos.
Hace unas semana, tuvimos la oportunidad de conocer el ministerio Selah Casa de Adoracion en la Zona Norte de Tijuana y el privilegio de servir allí unos días.
Uno de ésos, tuve la oportunidad de salir con ellos a las calles que forman la “Zona Roja”, para regalarles rosas a las “mujeres que esperan”, mostrarles Su amor y tener la oportunidad de orar por aquellas necesidades que pudieran tener. ¡Todo esto en solo 2 o 3 minutos!
Como era mi primera vez, no tenía una idea clara de cómo iba a ser, cómo actuar y, tan siquiera, qué es lo que me iba a encontrar (normalmente no frecuento ambientes así). Pero de lo que sí estaba segura es que quería tener esa experiencia.
Así que nos dividieron en 4 grupos, nos repartieron 100 rosas a cada uno de los grupos, bolsas con enseres para mujeres (toallas femeninas, tampones, galletas, etc.) y algunos sandwiches.
¿Qué puedo decir? Lo que ví al salir me impresionó: Mujeres en su mayoría entre 15 años y 22 años, que estaban “esperando” en las calles, vestidas con ropa normal (cabe destacar que estas eran la minoría), otras con ropas súper sensuales; otras casi sin ropa dejando al descubierto partes de su cuerpo; también vi algunas comprando tacos en “bata/ batín”, tapando así la desnudez que solo podrías “disfrutar” si pagabas para entrar a los club’s.
La policía se movía con total normalidad por la zona, e incluso les hacían comentarios graciosos. Algunas les respondían y otras solo sonreían y escuchaban “esperando” nuevos clientes.
Pero lo que me impresionó enormemente era que la única separación que había entre ellas era tan solo 1 metro y medio de distancia. ¡1 metro y medio! ¿Puedes imaginártelo? ¡Eran muchísimas mujeres en cada acera / banqueta, calle, esquina, y esto sin contar a las que trabajan dentro de los bares, clubs de alterne, pub’s, etc.
No podía dejar de mirar, de observar y de analizar. Pareciera que nada estaba mal. Mas bien “lo malo se veía bueno y hasta se veía algo totalmente normal”.
Una vez repartidas todas las rosas y bolsas entre las mujeres, haber abrazado y orado por las necesidades de las que sí quisieron abrir su corazón y repartidos los sándwiches (estos también a “chulos/padrotes”), regresamos a Selah.
Llegando, tuvimos un tiempo de adoración y gratitud. Yo todavía estaba en shock por lo que había visto y mi mente estaba con mil pensamientos e ideas. No podía cantar porque no podía dejar de pensar en lo que había visto.
Y fue cuando en medio de todos mis pensamientos apareció SU voz, sus palabras:
“(...) Si no proclamas el perdón de sus pecados, seguirán siendo culpables.” (Juan 20:23 -TPT)
“(...) A quienes ustedes no se los perdonen (los pecados), no les serán perdonados.” (Juan 20:23 - RVC)
¡Mi mente se detuvo en seco! Fue como un ¡Boom!, un enorme estallido en mi cabeza.
- ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué quieres decir Dios?- le decía yo. Y empecé a orar y pedirle al Espíritu Santo que me hablara y que me explicara qué significaba exactamente lo que me había dicho.
Fue entonces cuando mi corazón se rompió y mis pensamientos empezaron a ser sacudidos. “Mi perdón y mi gracia es sobreabundante para ellas. Ellas no lo saben, pero soy su Papá, su Padre. ¡Yo las amo tanto a pesar de todo lo que tú puedes ver!
Yo no miro lo que hacen; mi perdón ya está sobre ellas. ¡Ya han sido perdonadas! Pero... no lo saben. Y eso las hace culpables, porque no han escuchado.
Entonces... ¿querrás tú llenarte de mi Espíritu Santo y proclamar el perdón de sus pecados (de ellas)? ¿Podrás tú hacerlo para que no sean más culpables? ¿Podrás llenarte, ir y hacerlo? ¿Podrías reconciliarlas conmigo?
Y justo en ese momento empezé a sentir y entender de una manera diferente el corazón del Padre. Sentí su AMOR, su GRACIA, su PERDÓN. Sentí SU CORAZÓN por esas mujeres / hombres y no pude dejar de llorar. Sentí SU CORAZÓN hacia tanta gente que “hace lo malo como si fuera bueno” y que sencillamente, lo único que Él espera que hagamos es IR Y PROCLAMAR EL PERDÓN DE SUS PECADOS.
Fue entonces cuando mi corazón y mis pensamientos empezaron a cambiar.
Agradecí la oportunidad, la bendición (dicha) que Él nos da de llenarnos del Espíritu y la responsabilidad que nos confía para, a través de su perdón, traer libertad a la gente de su culpabilidad, sin importar lo que estén haciendo.
Ese hermoso encargo que, por su gracia, a ti y a mí nos envió a hacer en su nombre; ese hermoso encargo que el mismo Jesús hizo cuando estuvo en la tierra.
“(...) Así como el Padre me envió, ahora te envío a ti". (ver. 21 - TPT)
“(...) Así como el Padre me envió, yo los envío a ustedes”. (ver. 21 - RVC)
Por / By: Dámaris Gómez Bermúdez

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